Espejo Retrovisor: Tecnología y Filosofía

La tecnología siempre es buena, son los hombres quienes lo son un poco menos. Para quienes se ocupan de tecnología, […]

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La tecnología siempre es buena, son los hombres quienes lo son un poco menos.
Para quienes se ocupan de tecnología, Black Mirror es una serie de televisión imprescindible. Las reflexiones llevadas a la pantalla por el showrunner Charlie Brooker son siempre muy puntuales y un punto de partida para análisis profundos sobre el papel de la tecnología. Enmarcar BM en un solo género es muy difícil ya que la serie es antológica y cada episodio sigue una historia diferente. Esta elección, que permite explorar las diversas temáticas tratadas con ritmos y registros siempre distintos, es quizá la carta ganadora que garantiza cada vez una altísima calidad a Black Mirror.

Generalmente se habla de la serie de Brooker como una distopía que analiza el efecto de las nuevas tecnologías en la sociedad. En realidad, los aspectos distópicos son relativamente pocos: la serie es percibida como tal porque es difícil aceptar que ya vivimos en un mundo así y esa es precisamente la fuerza de Black Mirror. Algunos temas son recurrentes y se presentan de manera distinta de episodio en episodio. Aquí está nuestro análisis de los mejores episodios de Black Mirror por temáticas y calidad.

Mensaje al Primer Ministro: el poder de los medios
El primer episodio absoluto de Black Mirror es un golpe al estómago para los espectadores. La trama desnuda todo el poder de los medios masivos y la consecuente manipulación de la opinión pública. Black Mirror tiene la fama de ser una serie distópica, pero en el primer episodio las tecnologías utilizadas no son futuristas, sino las tradicionales: televisión, periódicos y redes sociales. El primer impacto con la serie de Brooker es alienante precisamente por este motivo: el reconocimiento del mundo donde se desarrolla la historia. No es un futuro hipotético, sino un “ahora, aquí y hoy”. El poder de la opinión pública, formada en los medios tradicionales, es mutable y nunca perdona. El final del episodio nos muestra muy bien cómo la gente, demasiado ocupada mirando una pantalla (el Black Mirror del título), no se da cuenta de lo que sucede fuera. El tema de la opinión pública y la crucifixión del “culpable” en los medios será retomado luego con otra clave de lectura en Oso Blanco, el segundo episodio de la segunda temporada.

Recuerdos peligrosos: la obsesión de la memoria
El tercer episodio de la primera temporada nos presenta otro de los temas centrales de Black Mirror: la relación con la memoria. Si los nuevos smartphones nos permiten fotografiar y filmar en directo cualquier cosa para poder recordarla, este episodio nos lleva a un mundo donde todos tienen un chip implantado en el cerebro que permite revisar continuamente cada recuerdo. Por una cuestión de autoprotección, el cerebro humano permite la eliminación de recuerdos traumáticos, así como el embellecimiento de ciertas memorias. En este mundo, en cambio, estos mecanismos de protección desaparecen y en poco tiempo asistimos a la degeneración del uso de esta tecnología hasta el clímax final. También en este caso, el chip se desarrolla con fines positivos, pero el ser humano no es capaz de manejar su impacto en su propia vida.

Caída Libre: la dependencia de las redes sociales
Recibir elogios en las redes sociales lleva a un aumento de dopamina y esto ya no es novedad. Ni siquiera las adicciones a estos medios causan más escándalo, entonces, ¿podía hacer este tema más impactante para los creadores de Black Mirror? La posibilidad de evaluar a todas las personas que se encuentran a través del propio smartphone pareció un excelente punto de partida. En la sociedad donde se mueve la protagonista de este episodio, la propia puntuación en las redes permite acceder o no a ciertas ventajas. Las personas están entonces obligadas a comportarse siempre de la manera más educada (y hipócrita) posible para no arriesgar nunca recibir una puntuación baja. No solo la reputación social, sino también compras importantes como una casa dependen de la puntuación social. Un verdadero infierno donde se lleva al extremo el uso de las redes hasta el descubrimiento final de la protagonista: cuando no hay que pasar todo el tiempo preocupándose por la opinión de los demás, se vive mejor. Si la moraleja puede parecer demasiado simplista y en ocasiones banal, todo el episodio logra moverse de manera bastante equilibrada en este tema. Actualmente un mundo sin redes sociales ya no es concebible, pero poner atención en el abuso de estos medios es muy importante. Después de todo, si hay campañas contra las drogas, el alcohol y el juego, ¿por qué no sensibilizar a los oyentes también sobre el abuso de las redes sociales?

La filosofía de Black Mirror abarca muchos temas, pero el tema base siempre es la relación entre hombres y tecnología y advierte sobre el abuso de estas últimas.

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